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Salida de emergencia / Opinión Invitada / EL Norte /11 sep 2011
Ismael Merla / Salida de emergencia / Opinión Invitada / EL Norte /11 sep 2011
Para algunos, la salida de emergencia es cuando no hay alternativas y es la única vía para sobrevivir. Para otros, es cuando no quieren o no pueden ver las demás opciones: quieren salir cuanto antes. Es la decisión rápida.
Pensaba en lo anterior a la luz de la indignación y dolor por las muertes en el atentado al Casino Royale -se dice que la gente no halló salidas de emergencia- y que llevó a un grupo a organizarse en días pasados en una manifestación en la Explanada de los Héroes.
A raíz de esto se evidencian varias cosas dentro de las peticiones de la comunidad, todas en relación a la inseguridad en la que estamos inmersos en esta ciudad. Y en las que parece que muchos coinciden es en pedir las renuncias del Gobernador Rodrigo Medina y del Alcalde Fernando Larrazabal.
Imagino a todos los que exigen la renuncia corriendo desesperados buscando la salida de emergencia. Queriendo encontrar la puerta y escapar del problema en lugar de solucionarlo asumiendo compromisos
Pedir la salida del Gobernador o del Alcalde como principal solución es algo a medias. Ojo: no defiendo funcionarios, pero hoy son éstos y mañana otros quizá peores.
¿A quién pensamos poner hoy? Si pedimos su retiro por no cumplir sus obligaciones laborales, ¿no deberíamos primero explorar la posibilidad de un castigo o multa, o sólo queremos que nada más se vaya sin rendir cuentas? No queda claro.
Y si el relevo, sea interino o sustituto, no resuelve las cosas, ¿también lo quitaremos y pondremos a otro? El Gobernador no trabaja solo, en caso de irse sería junto a un grupo más nutrido de funcionarios que tampoco han podido hacer bien su trabajo. Pero ¿deberemos también irnos nosotros?
Usando una analogía simple pensemos en una empresa que tiene muchos problemas. ¿Los que conforman la empresa pedirían únicamente la renuncia de su director para solucionar los problemas? No es la primera opción, aunque podría darse el caso.
En todo caso el director, al hacerse responsable de obtener resultados, debe asegurarse que su personal ejecute las tareas correctamente y, de no hacerlo, pedirle la renuncia. En el caso del Gobierno, no veo una puntual y frecuente evaluación ciudadana sobre todo el aparato oficial, sólo del "director". Los hemos dejado hacer. ¿No deberíamos también ser "despedidos" como ciudadanos por no hacer bien nuestra tarea?
Revisemos otro ejemplo. El caso de Eliud Palacios Treviño, hoy ex director de Facpya de la UANL. De acuerdo con una nota de este periódico, al ser descubierto un desvío de recursos en su administración, presentó su renuncia y reembolsó parte del dinero desviado. ¿No debería de haber sido castigado de manera contundente? ¿Acaso el dinero que reembolsó fue el único desvío que hizo? Y, aunque así fuera, ¿es posible que solamente él tenga responsabilidad? ¿Por qué no hay castigo para otros? ¿En verdad creemos que fue un acto individual, que su equipo no estuvo enterado de los desvíos?
Imaginemos un caso similar en el que se detecta una irregularidad o un delito, sea de un dueño de casino ilegal o un narcotraficante.
El sujeto devuelve lo robado, acepta su responsabilidad, su nombre queda registrado en una lista de "personas malas" y queda en libertad. No me parece una solución justa. Son casos en los que el delito es diferente, lo tengo claro, pero lo relajado en el castigo favorece que estos hechos se den con mucha frecuencia en funcionarios públicos. ¿No habría que exigirle al Alcalde Fernando Larrazabal que explique su posible participación en las presuntas extorsiones a casinos en lugar de "ayudarle" pidiéndole que se vaya?
Que se sumen a través de redes sociales o marchas a esta petición para pedir únicamente la remoción de funcionarios evidencia que no hay muchas ideas y, si las hay, no se comparten, ya no digamos que se aplican con un grado de compromiso. No estamos bien organizados para aprovechar esta energía que viene de la indignación. No homologamos puntos en común de los diferentes grupos que emergen o de los que asistieron a la Macroplaza. La fuerza que proviene de la indignación y el dolor hoy nos empuja, pero se puede esfumar, y por el momento todos exclaman: "vamos a juntarnos", "no faltemos, tenemos que empoderarnos", pero después, ya todos juntos en las calles, cada quien tira pal' monte.
Hay proyectos sociales que ya están funcionando, que necesitan de ayuda. Sería más viable para aquellos que no saben cómo empezar a colaborar conocer cuál de esos proyectos tiene un perfil con el que se puedan identificar.
Organizarse mejor sería lo primero, establecer ideas en común y ver la manera de realizarlas. Pensar en cortar cabezas sin asumir un verdadero compromiso ciudadano de supervisión de políticas públicas y una exigencia de sanciones reales a la incompetencia y a la corrupción son medidas que no pasan de ser meras salidas de emergencia que, como en caso del Royale, quizá sean falsas.
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