microacciones / Opinión Invitada / EL Norte /17 Abr 2011


Ismael Merla / microacciones / Opinión Invitada / EL Norte /17 Abr 2011

Hay palabras que, a la hora de hablar de temas prioritarios de nuestra sociedad, parecen haber sufrido una transformación de la que no todos estamos conscientes. Parece que ahora “cambio” es una palabra asociada a lo malo. Decimos que la ciudad cambió, “antes no había tantas muertes, ahora sí”, entonces pensamos que lo mejor es no cambiar: estar siempre bien de salud, tener una casa que dure mucho tiempo, con trabajo, pero si llega un cambio, seguro es algo malo. Pero es también un cambio el mexicano pobre que se vuelve rico, el niño recién nacido, la remodelación de la casa.
Por esto, me cuesta trabajo aceptar que los cambios que sufre nuestra sociedad provienen no de un grupo educado, creativo y con necesidades básicas garantizadas, sino más bien de personas marginadas, sin oportunidades, educación y esperanzas, llenos de rencor. Si ponemos atención veremos que algunas de ellas buscan lo mismo que otros grupos de mexicanos: conseguir dinero y poder a costa de lo que sea, sin mucho esfuerzo ni demasiados compromisos. Desgraciadamente aquellos marginados, en su mayoría jóvenes, lo hacen de una manera hostil, a balazos, pasando por encima de muchos inocentes. Una de las cosas que diferencía a estos delincuentes de otros grupos de mexicanos es que operan en un marco ilegal. Un sindicato, un corporativo, un partido político obtienen legalmente dinero y poder. Otra palabra ha cambiado: “legal” no es necesariamente bueno ni justo para la sociedad.
La imaginación puede transformar a esta realidad atroz. ¿Cómo se puede comenzar a imaginar la manera más coherente para mejorar nuestra realidad amarga? Para cambiar primero hay que querer cambiar, pero luego hay que estar convencido de que se puede cambiar. Pero no podemos transformar a los demás si ellos no quieren, del mismo modo que no podemos pedirle a los políticos y criminales que cambien ellos y nosotros no hacerlo. Primero nosotros.
Ahora bien, con un dolor descomunal, Javier Sicilia dice “estamos hasta la madre”, pero ¿qué más? Si por décadas nos hemos callado ante micro robos de centavos en tiendas o bancos, pagando tenencia, viendo cómo se despilfarra dinero público en publicidad de funcionarios y partidos políticos, ¿por qué nos sorprende ahora que nos roben todo de un solo golpe y a plena luz del día: la casa,el dinero, la ropa, la vida?
Hace falta creatividad. Estamos acondicionados por nuestro entorno y nuestros hábitos cotidianos. ¿Cómo alejarse para desarrollar propuestas de soluciones?
Expresar el hartazgo y no involucrarse en hechos delictivos son, sin duda, buenas prácticas ciudadanas. Descargamos emociones que nos desaniman, restándole presión a la olla exprés. Pero queda una frustración colectiva de que eso no es suficiente. ¿Seremos, pues, todos capaces de involucrarnos en resolver los problemas de inseguridad y violencia? Posiblemente no. En campos que desconozco no me atrevería a proponer cambios, mucho menos detener las balaceras y los asesinatos. Creo, sin embargo, que las micro acciones en nuestro respectivo campo profesional y personal son una forma de comenzar a resolver pendientes en beneficio mutuo.
Hemos llegado a este día tolerando abusos, emocionalmente engañados nos creamos nosotros mismos un cáncer emocional. Evitamos pensar en estos conflictos para no perder la relación con un pariente político corrupto, con el hermano que pertenece a un sindicato deshonesto, con el amigo del puesto pirata. No queremos convertirnos en que aquello que odiamos, en el que discute y pelea por diez centavos.
Pero hay que hacerlo. No queramos cambiar todo en una sola acción, practiquemos micro acciones que se vuelvan hábitos. Por ejemplo: no falta el desesperado que exige la renuncia del gobernador, pero ¿por qué no acostumbrarse a incidir primero en la labor del funcionario pequeño, ése que afecta el entorno de mi colonia o de mi ciudad. ¿Por qué no exigirle al rector de mi universidad, a los maestros o a la comunidad estudiantil que presionen a las autoridades ante la muerte de alumnos inocentes? Su silencio y falta de creatividad respaldan la injusticia. Si ellos y nosotros no nos atrevemos a exigir, ¿por qué habría de hacerlo el ciudadano común?
Tenga presente estas tres micro acciones: busque la manera de cambiar primero usted mismo poco a poco, no cambiar al otro. No tenga vergüenza a expresar lo que piensa, no tienen nada de malo el desacuerdo. Apoye acciones de otros que buscan hacerse escuchar. Recuerde que el crimen tiene la ventaja de ser organizado. Piense que una micro acción es cosa de todos los días, no de cada fin de semana, no cada que asesinen a un familiar o amigo. Que no sean solamente las palabras las que cambien.

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