Yuxx individual Enero 2013
“No desecho como creador la idea de que toda
forma de expresión (visual) lleva implícita una carga comunicativa y simbólica,
sea o no esa mi intención. No pensarlo así es no tener en cuenta la
responsabilidad y el poder que acarrea la libertad.” I.M.C.[1]
Ismael Merla Cosío -
Decollages.
I
En uno de
sus textos W.J.T. Mitchell
analizando la imagen, preguntaba ¿Por qué nos crea tanta ansiedad la
representación? Dejaba de lado los objetos y nos invitaba a pensarla como una
actividad, un proceso o un conjunto de relaciones. Como una ficha en el tablero
de ajedrez o una moneda en el sistema de intercambio. De inmediato nos veríamos
inmersos en la totalidad de la actividad cultural, desde la cultura política
que se estructura alrededor de la transferencia, el desplazamiento y la
alienación del poder, la cultura económica con su sistema de intercambios y
transferencias de valor, hasta el imaginario visual nunca transparente. Nos
enfrentaríamos entonces a una estructura inestable, reversible, dialéctica.
Siendo así la representación una forma de asumir la responsabilidad que sólo
existe en ella. Representación y responsabilidad actuarían en correspondencia.
“El arte, la cultura y la ideología exploran y
explotan el espacio que separa la representación y la responsabilidad. Para el
arte, la forma tradicional (es decir modernista) de entender esta distancia se
centra en la autorreferencia: la representación sólo es responsable ante sí
misma, sus propias leyes de forma, género, afecto, su propia necesidad juguetona.
La cultura y la ideología son los campos dentro de los que se juega a este
irresponsable juego llamado arte. En ellos la leyes de la forma, el género y el
afecto se corresponden con relaciones de saber / poder, con formas históricas
de estratificación social, con la dominación, la mistificación y la
propaganda.”[2]
Cuando
recorremos la producción de Ismael Merla nos encontramos con su responsabilidad
y su “irresponsabilidad”. Su postura conscientemente asumida y lo que se le
escapa, como nos sucede a todos, productores o no. Sabedores o ignorantes de
que nuestra postura personal es siempre una acción política. Vayamos despacio.
En Modernism and the Collage Aesthetics,
Budd Hopkins describe la estética del collage como algo no confinado a ningún
medio sino más bien como "una actitud filosófica" que refleja la
percepción modernista. Materiales contrastantes, estrategias formales y
diálogos, el collage representa una especie de "narrativa elíptica"
que metafóricamente recrea la compleja realidad en la que se vive.[3]
La
producción de Merla, Bultos, Esculturas, Pinturas, Cartel/Pastiche, Libros
intervenidos, Libretas, Las
4squinas o los De-collages ejemplifican esa actitud filosófica a la que alude
Hopkins. Merla es un productor que en su narrativa, en sus múltiples
“collages”, articula los objetos a través de la lógica de la mercancía, como un
consumidor. Valiéndose de la estética del collage nos comunica los problemas de
la vida cotidiana contemporánea en nuestro imaginario popular.
La práctica del collage elude la
narrativa cómoda cargándose de poderes inquietantes.
Sin pretender plagiar, en
algún lugar leí o escuche que si el vertedero de residuos es el bajo mundo de
la cultura de consumo, el collage es su espejo, una sinécdoque perfecta, una
imagen dialéctica. El arte hará el trabajo de codificación, seleccionando y
consagrando los objetos de desecho de nuestro mundo de obsolescencia
programada, Merla es uno de estos artistas que en el último siglo han
re-codificado valiéndose del embalado.
Sin querer hacer un recorrido
histórico profundo, en los anales del arte hemos visto como en el siglo que nos
precedió comenzando con el Movimiento Dada entre 1910 y 1920 los artistas
mostraron cómo la apropiación podría ser una estrategia potencialmente poderosa
para intervenir en las representaciones mediadas de la realidad.[4]
Durante la Primera Guerra Mundial cortaron las palabras de artículos de prensa
y los reorganizaron, “antiliterarios”, “antipoéticos”, “antiartísticos”, “anticomerciales”. En ese momento la propiedad intelectual
no era una preocupación para artistas como Tristan Tzara, Raoul Hausmman y Kurt
Schwitters. Este último, referente para muchos artistas del embalado, utilizaba
de todo, trozos de madera, de metal, sobres, tapones, plumas de gallina,
clavos, piedras, boletos de tranvía, etc. Le da nombre a su actitud: Merz, que se convertiría en
sinónimo del nuevo arte multidisciplinar que realizó a partir de entonces,
liberándose de las convenciones
artísticas tradicionales, así dio nombre a sus poemas, a su revista, a su
teatro y a sus construcciones esculto-arquitectónicas (Merzbau).
Contemporáneos John Heartfield y Hanna Hoch con sus fotomontajes encontraron el
medio para evidenciar y criticar el mundo fragmentado de la Guerra Mundial, con
la mordacidad del sarcasmo denunciaron el fascismo, los ridículos personajes
políticos de la República de Weimar y la misoginia prevaleciente. Hoch pionera
en exponer la mercantilización y cosificación que de las mujeres se hacía a
inicio del siglo será un referente para Barbara Kruger que en los ochenta cuestionará
a través de la reutilización de imágenes masivas la construcción que hacen los
mass-media de las mujeres y del “mercado que las construye y las engulle”[5].
La lista de los productores se extiende considerablemente[6],
no es el objetivo del presente reseñarlos, sin embargo, me parece importante
comentar el trabajo de Robert Rauchenberg como figura destacada del arte
contemporáneo y de Ion Bârlădeanu un personaje atípico dentro del
sistema del arte. Rauchemberg desarrollo sus "Combines" desde 1950 en los que empleaba
combinaciones de materiales de desecho recuperados con la intensión de fusionar
los límites entre al arte y la vida.[7] El rumano Ion Bârlădeanu fue uno de los muchos que tras
la caída de Ceausescu quedó sin trabajo
viviendo en la calle, en ese
tránsito le dio por utilizar los materiales a su alrededor armando cientos de
collages. En el 2007 Ovidiu Fenes otro productor que se valía de los desechos
lo descubrió y lo contactó con su galerista Dan Popescu de H’Art e
inmediatamente quedó inserto en el sistema-mercado, sus collages poseen una
fuerte carga explosiva hacia el régimen.[8]
Aquellos como Merla renuncian
a la belleza y a la idealización para atrapar “lo real”, la experiencia humana
cotidiana, la realidad material y su carga simbólica que discurre entre la
representación y la presentación. Con un giro diferente los decollages que
ahora presenta Merla, en los que
redujo el consumo que ha venido haciendo de comics, revistas de diseño, de
animales y otras
publicaciones, en su mismo gesto de destrucción y de reincorporación nos
muestra su sonrisa irónica, vuele a jugar con nosotros, nos atrapa en una
intertextualidad fragmentaria, un gran pastiche en el que se relativizan los
contextos y referentes culturales que significan en relación a nuestro contexto
más inmediato sin que lo compendien.
Desde hace unos años Roger
Bartra nos etiqueta de “desmodernos” aludiendo a la improvisación, el individualismo indiferente como una estrategia para deconstruir la
modernidad desde un lugar de resistencia, ¿no es eso lo que nos muestra Merla
en sus producciones?
II
En las últimas décadas la naturaleza intertextual en las producciones
culturales (literatura, música, arte), el sentido (para algunos autores la
verdad), está sujeto a las relaciones que el receptor mantenga con la obra,
cada aprehensión dependerá de los elementos que él posea, de su “enciclopedia
personal” y de su capacidad para realizar analogías y asociaciones.
Recorriendo
los decollages que Merla presenta en YUXX destacan las presentaciones del
cuerpo femenino cosificado, asimilado, apropiado y ahora reapropiado de las
imágenes de mujeres orientales, de
prostitutas, de modelos con una fuerte carga erótica, se pudiera pensar que a Merla sólo le interesa su
estampa como la de los demás elemento de las construcciones, sin embargo, esas imágenes fueron creadas antes como
ahora para la mirada masculina y condicionadas por la cultura patriarcal. El
yuxtaponerlas con las otras imágenes de los comics, de los animales, las
tipografías, la naturaleza o rostro cortado del sexagenario, no llega a ser
suficiente, si así lo quisiera, para contrarrestar la mirada escopofílica
masculina. Es difícil encontrar en ellos un discurso, una semántica del deseo
femenino. Es cierto también que limitarnos a esa sola lectura mostraría
cortedad, la totalidad va más allá de mostrar la experiencia carnal, sin más,
el sacar al espacio público lo que generalmente es para el consumo vouyerístico
solitario y privado, es ya una descontextualización, un romper tabués respecto
al cuerpo femenino, cuestionar valores burgueses, morales, y estéticos de una
sexualidad que exige libertad… Nos atrapa en un juego de figura-fondo.
Los
collages exigen de nosotros detenernos, asimilar poco a poco los elementos, los
cortes, las repeticiones y los contrastes. Al verlos y re-verlos,
paulatinamente los elementos van alternando sus posiciones, las tensiones que
se crean se van reconformando ante nuestros ojos, ante nuestra mirada y nos
descubrimos elaborando múltiples lecturas que como a Giambattista Bodoni en el
desván del Caserón de Solara en las colinas piamontesas lo llevaron a
reconocerse.
Esther A. Leal Farías.

[1] Ismael Merla, Cada ocho horas.
Entrevista realizada por Héctor Alvarado para La Rocka revista quincenal # 89.
Enero de 2009. ismaelmerla.blogspot.mx
[2] W.J.T. Mitchell. Teoría de la
imagen. Akal. 2009. Madrid, España.
[4] Pablo Picasso, Juan Gris y George Braque también se valieron del
collage. Violín 1912 de Picasso se asume como el primer collage, sin embargo,
el uso del mismo tiene más una función formal. Un período de investigación
dentro de su pintura.
[5]
Kruger, Bárbara. Mando a distancia.
Tecnos. Madrid. 1998.
[6]
A finales del 2005 la Fundación Miro y BBVA presentaron la muestra antológica Maestros del Collage de Picasso a
Rauchenberg, en la que se hizo un recorrido por
la historia del arte del siglo XX a través del collage, cuya variedad formal (papier
collé, fotomontaje, assemblage...),
se extiende desde el cubismo (Picasso, Braque, Gris), hace cien años, pasando
por el futurismo (Balla, Carrà), el dadaísmo (Arp, Man Ray, Schwitters), la
vanguardia rusa (El Lissitzky, Rodchenko), el surrealismo (Ernst, Magritte,
Breton); los artistas de la posguerra en Europa (Dubuffet, Chillida, Tàpies,
Beuys) y en Estados Unidos (Kline, Pollock), hasta Johns y Rauschenberg.
[7]
Heredero de De Kooning influyó en C. Oldenburg, J. Dine, T. Wasselmann artistas
que trabajaron con collages y lo que se denominó estilo Junk. En México Alberto Gironella.
[8]
En 2009 el director Alexander
Nanau realizó un documental para HBO Romania El mundo según Ion B. La película
ganó el premio "Emmy Internacional" en la categoría
"Programación de las Artes".

Comments